La historia de Cabeza de hacha es un recorrido musical que atraviesa fronteras y tradiciones en América Latina. Aunque durante décadas fue asumida como una canción de origen colombiano, la obra tiene raíces más profundas y disputadas. Su punto de partida documentado es La Tupungatina, una tonada grabada en 1921 por Carlos Gardel y José Razzano, atribuida al compositor argentino Cristino Tapia.
La pieza, inspirada en un relato de desengaño amoroso, hace referencia a Tupungato, localidad de la provincia de Mendoza, en Argentina. Con el tiempo, la canción adquirió nuevas lecturas y arreglos. En 1952, el músico y director de orquesta Osvaldo Pugliese la registró en versión orquestada bajo el título El martirio, lo que consolidó su presencia en el repertorio tanguero del Cono Sur.
Sin embargo, investigaciones posteriores han planteado un debate sobre un posible origen aún más antiguo. En Perú, la melodía es reconocida también como El martirio y es considerada por algunos estudiosos como una tonada campesina previa al siglo XX, vinculada al periodo de la Independencia. El investigador colombiano Jairo Soto Hernández señaló en sus crónicas musicales que, en ese país, la autoría ha sido atribuida al poeta arequipeño Mariano Melgar, nacido en 1790, varias décadas antes de Cristino Tapia. No obstante, no existe registro sonoro anterior a la grabación realizada por Gardel y Razzano en 1921, lo que mantiene abierto el debate sobre su procedencia exacta.
En Colombia, la canción llegó hacia la década de 1950. Fue entonces cuando el músico cordobés Noel Petro decidió reinterpretarla con un aire tropical, tempo más rápido y acompañamiento de requinto eléctrico. Esa adaptación marcó un punto de inflexión: la pieza se convirtió en un éxito bailable y empezó a circular con el nombre “Cabeza de hacha”. Sobre el origen de ese título existen varias versiones, aunque distintas investigaciones coinciden en que no se trató de una creación autoral nueva, sino de una resignificación musical y comercial del tema original.
Tras la versión de Noel Petro, Cabeza de hacha se expandió por Colombia, Venezuela, Ecuador y Centroamérica. Fue grabada en múltiples formatos y ritmos por orquestas y solistas del Caribe y la salsa, entre ellos Rubén Blades, lo que reforzó su carácter de patrimonio musical compartido en la región.
El cierre de este recorrido llegó en 1999, cuando Diomedes Díaz incluyó Cabeza de hacha en su álbum Experiencias vividas. La grabó como homenaje a Noel Petro, integrándola al lenguaje del vallenato y llevándola a un público masivo, convirtiéndola en una pieza infaltable de miles de parrandas en el Caribe colombiano.
