La noche del 2 de febrero de 1992, en la plaza principal de Becerril, Cesar, Rafael José Orozco Maestre ofreció su última presentación junto al Binomio de Oro, como figura principal del Festival de la Paletilla. Esa velada especial estuvo marcada por la ausencia de su inseparable compañero Israel Romero, quien fue sustituido en el acordeón por el legendario Rey Vallenato, Julián Rojas. En ese escenario de su tierra natal, Rafael compartió historias de su infancia, incluyendo cómo vendía agua del río Maracas montado en su burro llamado ‘El ñato’, rivalizando en ese oficio con Justo Rafael ‘Mandarria’ Barahona.
Durante su emotivo relato ante el público, Rafael Orozco también recordó sus estudios en el Colegio La Candelaria con el profesor ‘Mel’ Mendoza y sus primeros pasos en la música, destacando su grabación con el acordeonero Emilio Oviedo antes de consolidarse con el Binomio de Oro. Cuando la energía eléctrica se interrumpió tras tres canciones, el cantante pidió silencio y comenzó a entonar ‘Solo para ti’ a capela, invitando a la multitud a acompañarlo. Este instante sublime de conexión colectiva fue la máxima expresión de alegría y recuerdo para el público, un momento que quedó grabado en el corazón de todos los presentes.
Israel Romero, compañero y amigo de Rafael, relató que el cantante regresó feliz a su hogar después de este encuentro, revitalizado por el cariño de sus familiares y amigos. En Becerril, su figura sigue presente no solo en los recuerdos, sino también físicamente en la plaza principal, donde se erige un monumento de tres metros de alto obra del escultor Misael Martínez. Además, en un significativo homenaje, el Centro Orquestal Sinfónico de Becerril fue nombrado en honor a Rafael Orozco, y jóvenes músicos interpretaron sus emblemáticas canciones, perpetuando su legado musical y cultural.
A 34 años de aquella última presentación, la memoria de Rafael Orozco sigue viva en Becerril y en toda Colombia. Sus canciones continúan siendo alimento para el alma y un refugio para el corazón, evocando historias de amor y vida que lo convirtieron en ídolo de multitudes. Como mencionó el profesor José Salatiel Madrid, Rafael Orozco fue un ejemplo imborrable que logró la inmortalidad a través de su voz y su talento. Su huella continúa inspirando y convocando a generaciones, especialmente en eventos como el Festival de la Leyenda Vallenata, donde el legado de este gran cantor se celebra con emoción y reverencia.
